Todo el tiempo llega gente a pie, en carro o bicicleta. Hay quienes traen unas pocas pertenencias, otros cruzan el portón de entrada agitando las manos.
Quien pasó por la concurrida Avenida José Fornari, en el corazón de São Bernardo do Campo, el 20 de Julio, se impresionó con lo que vio. En la noche anterior, mas de 300 personas ligadas al Movimiento de los Trabajadores sin Techo (MTST), ocuparon un terreno de 170 mil metros cuadrados de la fabrica Volkswagen.
En menos de dos semanas el número llegó a 7 mil. En el mismo periodo, también en el centro de la ciudad de São Paulo, otro grupo de personas ligadas al Movimiento de los sin Techo del Centro (MSTC), al Movimiento sin Techo de la Región Central (MSTRC), al Movimiento Sin Techo de Heliopolis a la Asociación Morar y Preservar Chacara do Conde, y al Movimiento Lucha por Moradia Campo Forte, ocupaba otros cuatro periodos particulares.
La mayoría de los integrantes de estos “movimientos de los sin” (sin techo, sin escuela, sin salud, sin transporte, sin propiedad) está compuesta de migrantes llegados de diferentes regiones del país. Ellos recorren el mismo trayecto hecho años atrás por un hijo ilustre del Nordeste, el presidente de la República Luis Inácio Lula da Silva. Todo el tiempo llega gente de a pie, en bicicleta. Hay quien trae unas pocas pertenencias y utensilios, otros cruzan el portón de entrada agitando las manos. Cualquier pedazo de palo, plástico o caño es aprovechado para la construcción de casillas improvisadas. En el terreno baldío de Volkswagen de São Bernardo una multitud de “sin” perforó las cercas y se constituyó como sujeto de producción de los derechos.
La Companhia de Desenvolvimiento Habitacional y Urbano de São Paulo registró a todos los miembros del terreno ocupado. Una forma de control y vigilancia que facilitaría la acción de la policía en los días siguientes. La orden de reintegración de la posesión, ejecutada por 800 policías armados, mas 70 hombres de caballería y perros entrenados para matar, restableció las “cercas”. Los aparatos del poder desmantelaron el campamento y, con él, la multitud volvió a los espacios de exclusión. La orden de propiedad volvió a reinar soberana.
Sin Radicalismo.
El gobierno federal del presidente Lula se pronunció solemnemente contra la “radicalización” social y por el “respeto al Estado de derecho”. El ministro de Justicia evocó la prerrogativa del monopolio estatal del uso de la fuerza. Una evocación que no deja de resonar un cierto y siniestro, cinismo: que es ese monopolio delante del enmarañado de violencia privada y tortura estatal que violenta diariamente la vida publica en nuestro país? Podemos dar crédito a la moderación de la política económica del gobierno federal por aspirar a constituir un ambiente estable. ¡Pero esa seguridad no debe dejar de tener como objetivo el cambio aun más seguro, cierto y urgente! Si nada se “cambia en el yugo”, es porque “en el yugo” se corre el riesgo de no cambiar nada: es porque pretendemos cambiar para valorizarnos.
En la manera de lidiar con los movimientos de los “sin” debemos ser inflexibles. Lo que esta en juego en esas luchas y en esos conflictos es la propia constitución de la democracia. Si el “Estado de derecho” continuara resumiendo los derechos absolutos de los propietarios y de la propiedad, la ley de los hombres (la ley de los más fuertes, de los más ricos) prevalecerá violentamente sobre la fuerza de la ley y el estado de derecho continuará erigiéndose paradójicamente contra los derechos de los ciudadanos: Los derechos (privilegios) de pocos contra los derechos de los muchos. El único modo de contener la “radicalización social”: solo la democracia puede oponer a la corrupción del poder la virtud de la ley: el derecho universal.