
"Haced planes. Estas preparados".
(del comunicado del centro social Ungdomshuset del 27 de febrero de 2007)
Muy recientemente, observando desde dentro los conflictos europeos, hemos sostenido en Claims que las nuevas luchas globales, los nuevos antagonismos locales, la nueva resistencia metropolitana, habían conquistado un plan de consistencia que presenta características precisas, que en lo sucesivo se presentan como constantes, con la diferencia que todo acontecimiento acarrea. El plan de consistencia de las luchas se muestra como una diagrama subversivo que se ve atravesado por tres ascisas que determinan su forma y su sentido, el ser singulares y comunes al mismo tiempo.
La resistencia del centro social Ungdomshuset en Copenhagen, en el corazón de la vieja Europa, nos confirma estas características, es más, las relanza construyendo y cualificando un plano adicional de las luchas, que marca con fuerza el razonamiento colectivo sobre los bienes comunes y sobre el espacio metropolitano, gracias al protagonismo de un joven proletariado postfordista, tan inteligente como autónomo, tan creativo como subversivo. Las tres ascisas son ante todo tres líneas de subjetivación y, por lo tanto -sólo después- una indicación del terreno en el que hoy se construyen las nuevas máquinas de la organización del conflicto social. La primera ascisa es la que señala a las luchas actuales como fruto de movimientos multitudinarios, es decir, luchas expresadas por un conjunto de diferencias irreductibles e irrepresentables con los viejos arneses de la política moderna: ¿qué partido o sindicato podría “representar” la revuelta de los hermanos y las hermanas del Ungdomshuset? Pero también: ¿qué “representación de movimiento” podría expresar la riqueza de las singularidades que forman aquella excedencia que la llenado las calles de Copenhage, mostrando una inteligencia y una fuerza de la resistencia que es tal precisamente en la medida en que procede de una multitud de cuerpos singulares y bellísimos?
Finalmente hemos llegado a ese punto de ruptura mediante el cual tanto una como otra deben tomar partido, porque el éxodo está en marcha... y los fuegos de Copenhage, como ya sucediera en la de las banlieues francesas, los redobles de tambor del Valle de Susa y el rugido de Vicenza marcan el camino... Las luchas multitudinarias son enigmas irresolubles para la representación, pero, al mismo tiempo, son diseños fáciles de descifrar para todos aquellos que, como escribe Marco Revelli –¡y ya era hora de que se enteraran!– razonan, viven y luchan con otra lógica, otro sistema de referencias que sirve para deconstruir todo sistema, esto es, con una potencia que es sabotaje activo de todo poder.
La segunda ascisa se diseña en la metrópolis europea en tanto que cooperación en y entre las luchas, puesto que también en el caso de Copenhage parece evidente que es un entrelazamiento virtuoso de las diferencias, primero en el ámbito de la ciudad y luego del europeo, que anima toda la lucha y la lleva a la victoria. En efecto, es igualmente evidente que, por más que hayan echado abajo los muros de Ungdomshuset, ¡la Ungdomshuset ha ganado! Y ha ganado precisamente exaltando la propia subjetividad a través de las relaciones biopolíticas que ha implantado en Copenhage y en la imaginación viva de toda Europa... Todas y todos han percibido el centro social como bien común, como afirmación de alteridad y de resistencia al viento destructiva del liberalismo. Por eso todas y todos han salido a la calle y han construido barricadas. ¡La socialdemocracia europea ha muerto, la autonomía está viva!
La tercera ascisa es el aspecto insurgente con el que las luchas, una vez que han alcanzado su potencia máxima, se expresan. Como dicen los compañeros daneses, “esto es sólo el principio”, pero todo comienzo revela en realidad una historia y una acumulación de experiencia, que explotan cuando el biopoder ataca a lo común, es decir, la vida misma. Y en ese momento la insurrección se legitima. Cuando la vida misma se torna en fuego, piedra y barricada, reivindica la propia dignidad, construye otro derecho, otra sociedad. Lo común no es más que el entrelazarse productivo de las vidas en la afirmación del derecho de todos a la felicidad.
Gracias a los chicos y chicas de Ungdomshuset, una vez más, sentimos el calor que te hermana, el sabor de lo común, la fuerza de la autonomía, la dignidad de la resistencia. Ungdomshuset está allí donde están ese calor, esa fuerza y esa resistencia. Eso y sólo eso es el corazón de Europa.